QVIPA: diseñando desde lo que perdura
QVIPA no nació como colección. Nació como pregunta.
¿Cómo diseñar sin desconectarnos del territorio?
¿Cómo crear desde la memoria sin caer en la nostalgia?
¿Cómo darle al proceso el mismo valor que al resultado?
Estas preguntas marcaron el inicio.

QVIPA es la colección de mujer de Agustina para Primavera Verano 2026, pero en su esencia, es un proceso. Su nombre proviene de la palabra runasimi qhipa, un concepto de continuidad: lo que viene después, lo que permanece, lo que sigue existiendo aun transformándose.
Durante más de ocho meses, la colección tomó forma a través de decisiones, cambios e incontables aprendizajes. No fue un camino lineal. Más bien, fue un proceso de ajuste constante, de escucha y entendimiento. No solo en términos materiales, sino también desde una perspectiva energética.
A lo largo de este recorrido, algo se hizo evidente: no podíamos crear sin antes reconocer.
Desde una exploración más personal, llegamos a entender la importancia de honrar a las wakas —espacios sagrados y energéticos dentro de la cosmovisión andina— y de reconocer todo lo que existe antes que nosotros. No como un gesto simbólico, sino como una práctica de respeto, un principio que siempre ha guiado a la marca.
Subir al cerro Kipa, pedir permiso a la waka, observar, escuchar y elegir no intervenir sin antes entender —guiados por el saber de Zadir Milla de la Escuela Kontiti. Ese momento transformó la forma en que abordamos la colección. QVIPA empieza allí: en la conciencia de que diseñar no es solo un acto creativo, sino también una relación.
A partir de ese punto, el proceso se volvió profundamente colaborativo. Trabajamos con artesanas del Valle del Colca y Manchay —mujeres que han sostenido el bordado y el tejido como parte de su vida cotidiana por años. Su conocimiento no es meramente una técnica; es una forma de ver el mundo.
También incorporamos materiales que hablan del territorio. Lino y algodón como base, que nos permitieron repensar el valor de los recursos y su potencial dentro de un marco más consciente.
El paisaje costeño estuvo siempre presente, junto con sus cinco elementos (aire, agua, tierra, viento y espíritu). No como una referencia literal, sino como una presencia real traducida en movimiento, textura y silencio.
QVIPA habla de fluidez, de ligereza y de transición.
Y dentro de esa dualidad, emerge IAYA.

Si QVIPA representa lo que fluye, IAYA representa lo que sostiene. Es la línea de hombre de Agustina, desarrollada como una contraparte natural más que como una extensión. Su nombre alude a una presencia protectora conectada a la tierra y a la pacha mayor.
Ambas colecciones se entienden mejor juntas.
Una desde el movimiento.
La otra desde la estructura.
Una expande.
La otra contiene.
Sin embargo, ambas nacen del mismo lugar: el territorio, el oficio y la necesidad de crear con sentido.
QVIPA no busca imponer una estética.
Busca abrir una forma de hacer.
Donde el diseño no se separa de la cultura.
Donde el proceso tiene valor.
Y donde crear se vuelve una forma de recordar que somos parte de algo más grande.
AGUSTINA
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